CHORIZO SALVAJE


Sintetizan, con toda su complejidad, la movida cumbiera santiaguina que ha venido desarrollándose desde la década pasada. Diversos, representan el crisol de intereses, preocupaciones, búsquedas y respuestas que las distintas bandas han ido encontrando en los distintos estilos y discursos durante estos últimos años. Aparte de ser salvajes, estos Chorizo son mestizos por naturaleza, obra y gracia del encuentro sincrético de rutas que la vida juntó y que la música amasijó.

Imagen tomada desde http://www.chorizosalvaje.cl

De cierta manera, Chorizo Salvaje son nuestra Mano Negra. O mejor dicho, si es cierto que el Mambo santiaguino se inspira en una estética y una ética que aúna política conciente y fiesta como una conjunción posible y necesaria para la ciudad, Chorizo Salvaje representan ese punto de equilibrio y de encuentro. Ese vértice. No son los únicos, por supuesto, pero escuchándolos y viéndolos en escena se constituyen en ejemplo nítido y coherente.

En escena, la estética popular y fiestera no les resulta ni forzada ni de adrede. Tampoco recargada ni exagerada para generar tal o cual efecto. No hay artificios en su alegría y en su choreza, por lo que transmiten de manera directa energía cumbiera. Como en los buenos casos de bandas del Mambo santiaguino, llenan el escenario con su presencia y vitalidad, ya sea este pequeño (como cuando tocaban en Romerito) o más amplio (como en el Galpón o Las Tejas). Generan, por lo tanto, una inmediata conexión con el público. Una intimidad. Suenan, además, con el power cumbiero que es capaz de imponerse aunque las amplificaciones sean precarias, lo que siempre energiza las tocatas, las prende y nos hace creer que  la ciudad siempre ha sido cumbiera, jaranera y vacilona.

Este joven mambo santiaguino se ha instalado como un espacio de confluencia de los más variados estilos musicales latinos y europeos. Los Chorizo Salvaje abren ese abanico de posibilidades rítmicas y sonoras y, junto a las otras buenas bandas de la escena, le dan el giro de tuerca que las resignifican. Cumbia villera, cumbia colombiana comercial, cumbia colombia de raíz folclórica, sonidos latinos, guiños a la pachanga latina noventera (“¿Qué me decí?”), flirteo con el reggae (“No no no” / “Ghetto organ”, que ojalá la tocaran más), con el hip hop, con el estilo grupero mexicano, con la murga y el cuarteto… Con su versión de “Cumbia campesina”, pero sobre todo con “La serpiente” y “Yolanda”, se han instalado como LA banda que ha mantenido la mirada, que en cierto momento de la década pasada parecía imponerse en el nuevo mambo, hacia una Colombia pocas veces escuchada por estos lares, mirada que se fue diluyendo de la escena, aunque queden algunas otras manifestaciones (como La Culebrera). Con su versión de Río Manzanares, a su vez, actualizan tanto la canción popular americana como el legado de la familia Parra en la música chilena. Es, sin duda, uno de sus temas imperdibles.

En términos letrísticos, Chorizo Salvaje también alcanza el crisol que en otras bandas solo se insinúa o queda como consigna entre tema y tema. La difícil conjunción de letras políticas, en el más amplio y crítico sentido de la palabra, de amor y de fiesta es, qué duda cabe, la gran preocupación ética del mambo santiaguino y sitúa a bandas como Chorizo Salvaje en la más fina tradición de Parra y de Jara. El tiempo dirá, claro está, si esa tradición se mantiene y se engalana con coherencia y convicción, pero todo pareciera indicar que en el caso de esta banda eso será así. Y es que nuevamente me parece que los ingredientes, en este caso, no se cocinan forzosamente para aderezar este chorizo salvaje. “Los paraguas” se inscribe en la línea lírica más villera, “Fuego” en la más pura tradición romántica de las cumbias chilenas y latinoamericanas. “Galpón Víctor Jara” es la única cumbia que conozco que describa la escena actual santiaguina, la que la vuelve de un indudable valor testimonial. “Bailemos cumbia”, por su parte, es una suerte de poética sobre la cumbia en general. “Ke me decí?”, finalmente, instala el discurso crítico sobre el sombrío Chile político y social en que vivimos y frente al cual Chorizo Salvaje responde con cumbia conciente (es decir, con fiesta y con posición) como antídoto. Para ciertos observadores de las manifestaciones populares, esa síntesis les resultaba imposible de concebir en la cumbia (tan vanalizada mediáticamente). Esta canción es el perfecto ejemplo de que el maridaje fiesta / conciencia no es una contradicción en sí misma.

No puedo dejar de escribir una crónica sobre Chorizo Salvaje sin hacer referencia a la presencia de Natalia Álvarez, La Joya, en la escena del Mambo santiaguino. Su sola presencia refrescó las tocatas de fines de la década pasada, pero de una manera tal que nunca apeló a una puesta en escena chabacana y sexista, muy por el contrario: apela a una femenidad que se valora en su arte, en su estética y en su profesionalismo. En vivo, estremece escucharla cantar “La gata bajo la lluvia” a capella, porque ahí se advierte como nunca su voz ligeramente nasalizada, rica en armónicos y de timbre hermoso y reconocible.

Ella sola hace recordar, de todas maneras, que quizás el Mambo santiaguino tampoco ha avanzado mucho en darles nuevos espacios a las mujeres en el mundo de la cumbia, pues, aunque las hay, son aún pocas las que entregan su arte en la actual movida cumbiera.

Imagen tomada desde el sitio “Cumbia, Poder & Porro”: http://cumbiapoder.blogspot.com/2009_10_01_archive.html

Tampoco puedo terminar esta crónica sin comentar el genial arte de Juan Pablo González en los dibujos de la carátula del disco homónimo de la banda (2011). La fauna chilena, popular, política y cumbiera, está ahí representada con humor, simpleza y transparencia en el mensaje. Es, sin duda, la mejor carátula que nos haya ofrecido banda alguna del Mambo santiaguino y síntesis perfecta de la síntesis estética y ética que musicaliza Chorizo Salvaje.

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No dejen de leer la entrevista a Chorizo Salvaje en la publicación Kulturízate (2009). A continuación unos extractos:

¿De dónde nace el concepto de “Cumbia Choriza”?

Nata: Los inicios del grupo era trabajar con instrumentos que fueran desenchufados. Y ser chorizos para nosotros, es poder pararse a tocar en cualquier lugar, desde un escenario hasta en las micros, es la actitud.

Siendo ustedes protagonistas del renacer de la Cumbia ¿Cómo ven ustedes este movimiento?

Diego (bajista): Lo veo totalmente distinto a los otros movimientos anteriores de cumbia. Ahora es más cultural, más urbana, es más representativa. Nosotros tocamos y cantamos con contenido social, vamos más allá de las canciones de amor para cortarse las venas.

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