ALGUNAS FUERZAS MOTORAS DE LAS CUMBIAS EN CHILE


Aunque aún falta por completarse en profundidad la revisión de todos los factores y pasos que dio la cumbia (esto es, las cumbias) en sus primeros años de producción, difusión y consumo en Chile (¡¡y no solo en Santiago!!) [ver el gran trabajo del colectivo Tiesos pero Cumbiancheros] y por comenzarse el trabajo que dé cuenta del desarrollo de la cumbia ranchera norteña en el país (de enorme popularidad, transversalidad y cobertura fuera de Santiago, pero muy invisibilizada desde la academia) , considero que puede observarse cierta estabilización en un conjunto de fuerzas permanentes que han hecho que las distintas cumbias tengan su éxito y podrían explicar sus permanencias. Propondré unas seis y es mi deseo ir corroborando, poco a poco, si tales fuerzas permanentes efectivamente permiten explicar con mayor o menor certeza todos los estilos .

En primer lugar, la cumbia en Chile es popular. Próximamente trataré el tema de las nociones que reconozco asociadas al término “popular“, pero puedo adelantar que en el caso de las cumbias chilenas (ranchera, sound, de sonora, nortina, etc.), me refiero a la idea de que las cumbias responden, mayoritariamente, a un gusto de clase baja o popular. El nicho social propio de las cumbias en Chile es el el socioeconómico bajo, lo que ha determinado que por años hayan cargado con manifestaciones de rechazo y estigmatización desde las capas medias y altas de la sociedad. Estos grupos, a su vez, presentan oleadas breves pero intensas de aceptación y suelen asignarle funciones sociales a las cumbias mucho más establecidas, prototítpicas y reducidas (por ejemplo, los matrimonios). Esta característica de nuestras cumbias, además, explican por qué en el seno de lo que podríamos llamar el nuevo mambo chileno (Chico Trujillo, Chorizo Salvaje) la validación intelectual del movimiento se ha situado en la pertenencia o no a ciertos estratos y miradas populares y de ahí, por ejemplo, toda la curiosa discusión generada en torno a Villa Cariño y su procedencia más acuicada.

En segundo lugar, y muy relacionado con lo anterior, las cumbias en Chile presentan una relación extraña con la validación de los medios y, en general, entienden que la validación de los medios es, a la vez, una validación social por parte de las capas medias y altas que tienden a rechazarla o no reconocerla como consumo. Ejemplos hay miles: la invisibilización en Santiago de la cumbia ranchera (también asociado a su componente provinciano), especialmente en la televisión, y muy caricaturizada en medios y espacios de clase media y alta (o derechamente ninguneada); la sorpresa para el establishment televisivo y social que significó la presencia de Pachuco y La Cubanacán en el Festival de Viña de 1985; el veranito de san juan que la televisión chilena de fines de los noventa y principio de siglo le dio a los grupos sound, muy resistida durante los años de mayor impacto y calidad de dichas agrupaciones y rápidamente transformada en caricaturización y ninguneo, especialmente en el hecho de que la industria grande de la música, no relacionada mayormente con el sound, logró correrla de la pantalla e imponer por algún tiempo el axé; por último todos los esfuerzos que ha hecho en su vida artística Américo por ser reconocido por el medio televisivo y porque su cumbia se considere socialmente transversal y no música flaite, desde las entrevistas con felipe camiroaga hasta sus declaraciones pro-respeto después de su presentación en viña 2011.

En tercer lugar, es mucho más estable la producción, la difusión y el consumo de cumbias en provincia. En Santiago se dan más bien oleadas de fama y éxito, pero los medios santiaguinos (prensa, televisión y radio) históricamente no han dado unespacio constante y estable, por ejemplo, a las agrupaciones nacionales. La situación es muy distinta en regiones, desde Arica a Puerto Montt (no conozco la situación en la zona austral, pero asumo que no cambia en demasía, sobre todo por la presencia de la cumbia ranchera), por ejemplo, en el número de radios que tocan música tropical.

En cuarto lugar, no es común que las agrupaciones nacionales compongan cumbia y lo más común es que hagan cover de canciones peruanas, argentinas, mexicanas, colombianas, ecuatorianas, centroamericanas y bolivianas. Quizás el nuevo mambo santiaguino sea una excepción, aunque versionan bastante, y definitivamente las cumbias en Chile no se caracterizan por atreverse con nuevas composiciones. Por el contrario, puede observarse suertes de oleadas de repertorio internacional, lo que ha convertido a las bandas nacionales, por lo general, en embajadores de éxitos extranjeros, en amplificadores de repertorios de distintos países que acá se homogenizan en estilo (sonora, ranchera, technocumbia, nueva movida). Lo curioso y paradojal de esta situación es que el nivel de información que los escuchas de cumbias (¿y los cultores?) manejamos de esa situación es bajísimo o derechamente nulo, sobre todo en Santiago. En general se asumen como “chilenas” o como “colombianas” la mayoría de las cumbias, sin que exita ningún esfuerzo por parte de las agrupaciones y de la prensa en aclarar el origen de las canciones.

Como quinta característica, la producción de cumbias en Chile es un espacio fuertemente masculinizado y, por lo general, más de agrupaciones que de figuras solistas, aunque suelan destacar los Tommy Rey o los Macha. Américo, aunque tiene una banda detrás, se publicita como un solista y podría considerarse una excepción. Lo común son agrupaciones del tipo Los Viking’s 5, Los Reales del Valle, Sonora Santiagueña, Alegría o Chorizo Salvaje.

Y por último, aunque una de las fuerzas motoras más importantes, gran parte de la historia de las cumbias chilenas evidencia un afán modernizante por parte de los productores y músicos involucrados. El sound es el caso más palpable, pero también mucho de la cumbia setentera parece tener ese afán en el uso de los teclados y las guitarras (tal como estaba ocurriendo principalmente en Perú y México), y queda por averiguar si  la misma llegada de la cumbia a chile puede o no asociarse a un deseo por estar a la moda o si puede asociarse, a su manera, a algún concepto modernizante. Desde mi perspectiva, esta búsqueda por ser modernos está  asociado a afanes vecinos, como el reconocimiento por los medios y por ser un estilo bailable juvenil.

[Nota julio 2012: Dándole una vuelta, modificaría este último punto y lo matizaría bastante. Pareciera ser que en realidad hay tres tendencias en las cumbias nacionales: las hay las que tienen un afán modernizante y que apuntan a un oyente joven y popular. Hay muestras de eso en los 70, a fines de los 90 (la technocumbia sound),  y toda la nueva movida tropical y la nueva cumbia ranchera se enrielan en dicha línea. Por el contrario, toda la cumbia de sonora y la cumbia ranchera estilo norteño responden más bien a un patrón de reacción y de conservación de una tradición. En repertorio, en estilo y en sonoridad, estas cumbias son altamente estables y evitadoras del cambio. Por último, tenemos un patrón de (supuesto) rescate y de recuperación o de recreación de una sonoridad pasada o lejana, que se valora como popular y de raíz, propio del mambo santiaguino, es decir, de un circuito de producción yde consumación urbano de clase media o juvenil universitario].