TODOS SOMOS INMIGRANTES EN BARRIO BRASIL


Yo no quiero que a mi niña inmigranda me la vuelvan.

Última noche de marzo, primera madrugada de abril. Con absoluta buena intención, jamás pondré en duda eso, los chicos de la Chilombiana organizan un mambo titulado “Somos todos inmigrantes” en el Galpón Víctor Jara. Como todos son muy cuidadosos con los discursos, rasgo esencial del Nuevo mambo santiaguino, el carrete se lleva a cabo de tal manera que justamente todos los hermanos inmigrandos del barrio Brasil puedan asistir tranquila y alegremente al evento, sin tener que pensar que al otro día hay que levantarse temprano ni nada por el estilo. Somos todos inmigrantes y la identificación con el otro, el otro que soy yo, se materializa en todos los detalles.

En todos. Las bandas invitadas eran, a excepción de tres, bandas de inmigrados. Y buenísimas bandas de inmigrandos. Y es que poco a poco comienza a manifestarse una generación inmigrada a la ciudad que ya no se desenvuelve solo en el ghetto, sino que comienza a interactuar con el círculo musical en voga y a mostrar su música inmigrada. El mambo, así, es una fiesta de hermandad más allá de las odiosas nacionalidades.

Ya no es necesario, entonces, ir a un local peruano para escuchar a músicos peruanos en Santiago de Chile, por ejemplo. Somos todos inmigrantes y la música que hacemos es transnacional.

bandas con músicos inmigrados amenizaron el mambo

bandas de inmigrados emocionaron e hicieron bailar al público nacional y extranjero

El mambo está pensado como una fiesta de encuentro, de diálogo y de interacción. Para potenciar aún más el espíritu de la actividad, los hermanos inmigrados tienen la entrada liberada, solo debían demostrar a través de algún medio que su nacionalidad no era chilena. El público llegó en un principio de manera bien tímida, pero ya con el primer artista en escena la gente que esperaba afuera, en la plaza, se agolpó al galpón y llenó el local.

al principio, la llegada del público inmigrado fue tímida, probablemente por problemas con los papeles de estadía en el país

Como somos todos inmigrados, la tocata se convirtió más bien en un festival de las expresiones culturales de distintos países. Por Chile, no faltó, por supuesto, un par de cuecas bien bailadas, con respeto y viveza. Los artistas inmigrados mostraron su arte panhumano y los momentos de más belleza ocurrieron cuando arriba del escenario se fundieron los sonidos de músicos chilenos y extrajeros. En otros momentos, solo nacionales hubo en el escenario, pero cabe destacar que ellos siempre manifestaron el cuidado de no apropiarse de discursos ajenos y de no atribuirse la voz de los inmigrados. De no atribuirse la representación de los inmigrados, de no atribuirse ser ellos su voz oficial. Respeto y viveza, como en la cueca. Así fue toda la noche el mambo.

la cueca fue bailada con respeto y viveza por los nacionales, como ofrenda musical y coreográfica a los inmigrados y en pos de una mayor riqueza y diversidad cultural

Los artistas nacionales interactuaban con los inmigrados, compartían experiencias y les permitían ampliar sus redes de apoyo, sus contactos, su tejido social. Aprovechaban, de igual manera, de mostrarles algunas tradiciones y juegos propios del país, a la vez que bellas inmigradas vestían, algunas, trajes típicos de sus añoradas tierras natales.

el público era diverso e integrado

artistas nacionales comparten con artistas inmigrados

estos nacionales disfrutan de la música latinoamericana

público chileno le muestra a público inmigrado el juego nacional de chutear la lata

algunos inmigrados visten sus trajes típicos. en la imagen, una inmigrada de Nuñork conversa con una inmigrada de Condes, quien viste un atuendo de su país

todos los inmigrados fueron integrados por los nacionales

Los inmigrados son gente de corazón abierto y patas errantes. Como el caracol, el inmigrado carga con su ropa, con sus pertenencias, siempre a cuesta y, aunque muchas veces va a otro país en búsqueda de un trabajo más estable y de un sueldo más justo, es en realidad su espíritu aventurero y poco aguachado el lo que lleva a siempre moverse, a siempre irse, a estar siempre listo para volver a migrar. Mucho de eso se vio entre el público de este mambo. Desde las entradas, algunos pedían tímidamente pasar de manera liberada, porque su estatus de no documentado les impedía mostrar, valga la obviedad, cualquier documento que certificara su carácter de inmigrado. Ya adentro, muchos de ellos danzaban e interactuaban con otros inmigrados y con nosotros, los chilenos, en torno a sus pilas de bolsos y cachivaches que son toda su pertenencia, que son todo su tesoro y su haber.  Las luces del recinto le otorgaban a la escena cierto aire ritual, cierta estética pachamámica. Panhumana, volvería a decir.

inmigrados danzan en torno a sus únicas pertenencias

Una de las bandas, conciente de la realidad de los inmigrados ilegales, invitó a varios de ellos a subirse a escena a tocar en la apertura de su presentación. El momento fue emocionante y único, con respeto y viveza, porque la música canalizaba de manera perfecta la ansiedad y el deseo de vivir de estos hermanos que, cabeza oculta y todo, dada su compleja situación, de igual manera comunicaban alegría, ganas de vivir y bailar, y esperanza en un mundo mejor.

músicos inmigrados ilegales suben a escena con sus rostros cubiertos

músicos inmigrados ilegales suben a escena con sus rostros cubiertos

algunos de estos músicos inmigrados ilegales con rostro cubierto aprovechan la oportunidad para mostrar atuendos típicos de su tierra

los pata e cumbia en “somos todos inmigrantes”

Esperanzas de inmigrantes en un mundo mejor, que quizás pueden llegar a construir en nuestro país. Porque somos todos inmigrantes, tales como los hermanos de The Queen, de Providenza o Vita Curà que anoche repletaron el Galpón Víctor Jara en su fiesta.