SOMOS TODOS INMIGRANTES EN BARRIO BRASIL


 

Última noche de marzo, primera madrugada de abril. Con absoluta buena intención, jamás pondré eso en duda, los chicos de la Chilombiana organizan un mambo titulado “Somos todos inmigrantes” en el Galpón Víctor Jara. Fui a vivirlo, con enorme curiosidad, para que la misma fiesta me explicara el porqué del nombre del evento. ¿Sería una fiesta de integración? ¿De valoración de músicos peruanos? ¿Qué se traía esa noche el Galpón? La verdad, la respuesta fue más bien descepcionante.

Es raro que un mambo llamado “somos todos inmigrantes” se realice una noche de jueves ya cerca de la medianoche. Desde ahí uno podía advertir que el asunto no estaba pensado para que los inmigrantes fueran hasta allá, al menos de público. No en su mayoría, digo. El asunto iba, claro, por la banda organizadora, compuesta por músicos de Colombia (Gina de la Hoz, en la voz y percusiones), Ecuador (Tocori Berrú, en bajo y quena) y un chileno con ascendencia peruana (Carlos Marchant, en el trombón). Probablemente otros músicos, no lo sé, también provienen de países hermanos, lo que le da ese aire mestizo, de encuentros culturales, que poco a poco parece ir dando una suerte de sello a las agrupaciones de la actual movida santiaguina. Son, claro está, un perfil de migrantes, no necesariamente similar al de los músicos que uno encuentra en los locales peruanos, como la Caribeña o en San Pablo.

 

La Chilombiana

La cosa partió lenta. El nuevo mambo ha ido expandiendo, poco a poco, las noches de fiesta a los jueves, incluso miércoles o martes. La ciudad ha ganado noches de jarana, sin dudas. Y, claro, siempre habrá quienes queramos vivir esa noche, aunque laburemos temprano al otro día; pero también es cierto que el perfil de público de un mambo miércoles o jueves por la noche es uno particular. Insisto, no necesariamente uno migrante.

Inicio del mambo

Hubo cuecas y cumbias. Cumbias en el estilo más folklórico de Colombia y en el estilo más pachanguero, por si cabe el adjetivo. La manifestación de migración arriba del escenario se plasmaba de esa manera, en esa suerte de eclecticismo general. Las tocatas de este mambo santiaguino parecen haber encontrado en cierta cumbia de Colombia, en la chicha de Perú, particularmente a través de los djs, y en ese sonido agitanado de algunas bandas una manera de plasmar su concepto de diversidad, de amplitud, ese intento de correr el cerco digamos estrecho de la bohemia santiaguina, sedienta de Latinoamérica. ¿Bastará con eso?

Una cueca

¿Bastará con ponernos una camisa nortina, un poncho, o una máscara de luchador mexicano, una polera con diseños indígenas, hacer sonar una gaita y disfrutar a Los Mirlos en el playlist del dj? ¿Bastará si al final el espectáculo está pensado no para el migrante trabajador, sino para la clase media santiaguina, universitaria, o para el turista nórdico en búsqueda, válida sin dudas, del exotismo latinoamericano?

El público diverso y migrante

 

 

músicos inmigrados ilegales suben a escena con sus rostros cubiertos

¿Bastará con un afiche ad-hoc y con invocar a la Pachamama arriba del escenario? Cada vez siento más una postura un poco artificial en muchos de las tocatas en este Santiago mestizo y patiperro, que dice escuchar mucha música de América, pero que está más interesado en irse de gira a Europa. Algo no me calza en todo eso. Me pregunto si a todos esos músicos de verdad les gusta la cumbia. Ojalá sí, pero a veces parece haber más una parada que una emoción genuina.

Y en caso de que el camino sea ese, el de un discurso mestizo, integrador, plural (¡cuánto me encantaría!), a este mambo le hace falta, entonces, más densidad, más calle y más reflexión. Mucho suena a consigna. O a una exploración necesaria, enriquecedora, quién sería yo para negarlo si probablemente también lo vivo así, pero que está más basada en una suerte de pulsión de cabros de clase media que descubren que hay una vida que se llama América (y en ese sentido, es un gesto más bien masturbatorio), que en que el mambo, este mambo santiaguino, represente de verdad un nuevo espacio de encuentro, integración y mestizaje horizontal.

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