SOBRE ¿UNA? NOCIÓN DE LO “POPULAR” (EN CUMBIA)


fotografía propia publicada en el blog “afiches de carretes y tocatas”

El tema de qué es lo “popular” de la llamada música popular se plantea normalmente, tengo la impresión, a partir de dos errores conceptuales sobre qué es, según entiendo, el “significado” de una palabra o de un concepto, en este caso, técnico. Aclaro de inmediato que no soy ni un experto en lexicología ni en “cultura popular”, pero creo tener una postura clara frente a la supuesta polémica conceptual que intentaré desarrollar a continuación. El tiempo permitirá que la pueda ir argumentando o problematizando de tal o cual manera. Por el momento, dejaré planteado mi visión básica.

Los dos errores conceptuales, o más bien confusiones, que advierto en toda esta discusión, consisten en la expectativa o ilusión de que

A) las palabras y conceptos tiene un (solo) significado (unívoco)

B) las palabras y conceptos, aunque tengan varias acepciones conocidas, siempre son usados en un sentido o con un sentido inequívoco (único en tal o cual texto)

pero la realidad del lenguaje demuestra, una y otra vez, que los conceptos no tienen significados unívocos ni usos inequívocos, esto es, transparentes y sin multiplicidad constante y sonante. Es decir, la realidad del lenguaje, incluso desde la perspectiva abstractista de que “los conceptos tienen (un) significado” (lo que en realidad es una entelequia considerada, por muchos, francamente inverosímil), demuestra que no solo las palabras siempre tienen varias acepciones (en el sistema, en el diccionario), sino que en un uso particular, esa vez que se usó tal palabra, los significados movilizados por ese términos ahí también fueron variados, múltiples y nada de replicables, incluso, en nuevos usos similares, anteriores y posteriores. El diccionario (cualquier diccionario o, por consiguiente, cualquier glosario y ejercicio de generar definiciones) es una ficción, un ideal o, a lo sumo, una guía muy endeble e inicial.

Así puestas las cosas, incluso el sano ejercicio académico de aclarar, cada vez que se usa un término, por ejemplo, “popular”,  desde dónde se entiende o conceptualiza el término, podría ser una práctica algo inocua y, finalmente, banal. Una corriente dentro de la filosofía del lenguaje y de la lingüística del discurso dice, sin pudor casi, que una palabra tiene tantos significados como usos, expresión que puede resultar poco feliz para el común de los mortales porque, en algo difícil de asir, cualquiera de nosotros pareciera concebir cierta permanencia entre una ocurrencia y otra (re)ocurrencia. De otra manera, la comunicación misma se vería gravemente afectada o imposibilitada. En realidad, lo que tal máxima quiere indicar es que en cada acto de comunicación los interlocutores dialogan (o negocian, como se dice más clásicamente, aunque con presupuestos y consecuencias diferentes) los significados. En otras palabras, el significado del concepto (solo) se completa, se materializa, se consuma plenamente, en tal o cual texto, es decir, en tal cual uso, ocurrencia.

Entendidas así las cosas, las lecturas de filosofía del lenguaje y de teoría dialógica del lenguaje (Wittgenstein, Bajtin, Voloshinov y los teóricos de la enunciación) deberían ser lectura obligatoria para cualquier teórico interesado en responder qué se dice cuando se dice tal concepto (como por ejemplo, qué tiene de popular la música popular). Aclaro de inmediato una cosa: no quiero decir que las lecturas discursivas deban ser las únicas que deberían hegemonizar la discusión teórica, sino que estas lecturas también deberían estar incluidas y asimiladas en el contexto de dicha discusión, de origen y de desarrollo obviamente multi e interdisciplinaria.

En el caso de la discusión sobre qué decimos cuando decimos “popular”, lo que no puede suceder es

A) que la discusión se afane en definir “popular” unívocamente (con un solo significado, más o menos aceptado o tolerado por todos)

incluso debería al menos hacer el esfuerzo de no pre-creer

B) que en cada uso específico del concepto se está movilizando un solo significado (un supuesto uso inequívoco)

E insisto en lo anterior porque muchas veces me he sorprendido al escuchar que intelectuales sociales, nada dados para los esencialismos en sus respectivas disciplinas, sí aspiran a que el lenguaje y su estudio sea, finalmente, esencialista y se ofenden y escandalizan cuando uno les explica que el lenguaje, también puede estudiarse o desde un estructuralismo abstracto o desde un dialogismo discursivo en muchos sentidos símil a las visiones sistémicas que estos intelectuales defienden, con razón y pasión, en sus propias áreas.

En específico, en relación al concepto “popular”, yo partiría siempre de la idea de que, en palabras clásicas, el concepto tiene varias acepciones y que en usos particulares del concepto se puede estar enfatizando (o negociando) tal o cual acepción (es decir, significado), o que incluso puede ser que ese uso negocie, movilice, haga dialogar, más de una acepción a la vez, sin diferenciación, muy por el contrario, como evidencia de la complejidad en el uso.

Si partiéramos, como ejercicio, asumiendo que es un error epistemológico querer creer que “popular” solo significa una cosa (o que se podría llegar, a través de un consenso, a significarla unívocamente) y, solo como ejercicio, pusiéramos como punto de inicio las acepciones dadas por la RAE para el término popular, tendríamos que cada vez que se habla de popular el significado se estaría negociando en torno a una de las siguientes posibilidades:

1. adj. Perteneciente o relativo al pueblo.

2. adj. Que es peculiar del pueblo o procede de él.

3. adj. Propio de las clases sociales menos favorecidas.

4. adj. Que está al alcance de los menos dotados económica o culturalmente.

5. adj. Que es estimado o, al menos, conocido por el público en general.

6. adj. Dicho de una forma de cultura: Considerada por el pueblo propia y constitutiva de su tradición.

Bajo mi entendimiento, las acepciones 1, 2 y 6 suelen considerarse como un sentido unitario I, como por ejemplo cuando se entiende popular como folclor, como propio de una sabiduría del pueblo (transmitida oralmente de generación en generación, según la concepción más romántica), y entendiendo pueblo como algo distinto al individuo y, a la vez, a la masa. Advierto que se moviliza este sentido cada vez que se habla de una tradición popular, de que tal refrán o tal práctica es de origen popular, o que, por ejemplo, la décima es de origen y raigambre popular (aunque solo un puñado ínfimo de personas iniciadas pueda realizarlas, catalogarlas como tales y evaluarlas como logradas o no, es decir, aunque no sea un conocimiento ni masivo ni propio de personas “menos dotadas económica o culturalmente”, como dice la RAE). En el caso concreto de la cumbia, cuando se dice que existe una cumbia original, popular, en la costa atlántica de Colombia y se linkea a eso las agrupaciones de cumbia con gaita y tambores campesinas (idealmente no mediatizadas excepto por videos caseros subidos a youtube).Tengo la impresión que acá lo que importa es que tal uso, conocimiento o práctica, aparentemente, no tiene un origen asociado a un proceso moderno de producción, mediatizado y/o enfatizado como individual. Los sociólogos pueden aclarar con mayor exactitud, creo, esta separación de aguas que advierto.

Las acepciones 3 y 4 conformarían, según percibo, un sentido unitario II, presente cuando se indicaría, por ejemplo, que tal gusto es popular, que el vino en caja es popular, o que, por ejemplo, los músicos de las bandas de Cumbia sound son de origen popular (entendiéndose de inmediato que algo de origen popular (I) es muy distinto a alguien de origen popular (II)). En este caso, en ámbitos no académicos se usa simplemente populacho y el término suele estar asociado a un uso discriminatorio, estigmatizante o diferenciador, porque se suele enunciar desde una autopercepción de no popular. Nuevamente, los sociólogos y los antropólogos pueden aportar más en este sentido II, así planteado.

La acepción 5, finalmente, la entiendo como un sentido III, presente cuando se indica que un actor es popular, que un político ha perdido popularidad o que una canción es la más popular de la semana (fíjense como, en estricto rigor, en los sentidos I y II no se puede hablar de que algo o alguien ha “perdido” o que tiene “mayor presencia” del rasgo de popular, como sí ocurre con el sentido III; es decir, los sentidos I y II suelen usarse de manera dicotómica, mientras que el sentido III, de manera gradual). Cuando se dice que, por ejemplo, durante el 2010 Américo fue el cumbiero más popular de Chile, ahí el sentido movilizado de popular es básicamente el III.

El tema complejo de todo esto es, como ya lo he expuesto anteriormente, que en ciertos usos o en relación a ciertos referentes, los sentidos de “popular” van cambiando o se van sumando en una amalgama o crisol de significados movilizados y dialogados. En relación a la Cumbia sound, por ejemplo, difícilmente se podrá decir que es popular (I), pero sí se puede decir que antes de 1997 era popular (II) y que entre 1997 y el 2001 aproximadamente fue muy popular (II y III a la vez, quizás con un sentido u otro preponderante, según la enunciación específica). En relación a Américo creo que se podría observar lo mismo, es decir, que cuando se dice que Américo es o fue popular, son los sentidos II y III, a la vez, los que están movilizándose y disputando una hegemonía semántica. Si leemos que la orquesta Huambaly era popular en los ’50, probablemente lo sea en el sentido III, menos probable en el sentido II y nada relacionado con el sentido I. Cuando se señala que el Chico Trujillo es popular este 2011 tiendo a ver que se moviliza básicamente el sentido III, aunque existe la lucha semiótica por también movilizar el sentido II, e incluso el I con perspectiva de popular-urbano. ¿Antes del 2008, Chico Trujillo y todo el Nuevo mambo santiaguino eran populares? No completamente ni en el sentido II ni en el III, aunque si se dijera eso creo que lo que se moviliza en ese caso es la lectura “era popular (III) en el mundo universitario”, mundo que no es completamente popular en el sentido II (lo que me recuerda la problemática de lo “popular” en relación a la expresión, “La Cuarta, el diario popular“, en pretendido sentido II y III).

El ejercicio puede ser infinito y, quizás, podría proponerse una cuarta o quinta unidad de sentido, no considerada por la definición RAE, pero creo que el juego anteriormente expuesto resulta suficiente para exponer la complejidad del ejercicio de conceptualización, de negociación de significado y de lectura. Puesto así el asunto, siempre será sana la práctica académica de aclarar, cuando uno usa un concepto, qué es lo que se asume que significa tal concepto (“cuando yo digo popular digo/entiendo/hablo de tal cosa o desde tal perspectiva/sentido“), siempre y cuando se tenga la conciencia de que, incluso con esa supuesta claridad definitoria y teórica, cada ocurrencia del concepto movilizará saberes, ecos, sentidos, relaciones nuevas o diferentes y que por lo tanto el enriquecimiento y la complejidad del concepto no se agota jamás ni se apresa ni se termina de fijar. La práctica académica de decir “cuando yo hablo de popular hablo desde tal teoría”, es así una necesaria ilusión o autoengaño, y así, creo, hay que tenerlo en cuenta, aunque todos participemos de la ilusión y, de hecho, la exijamos.