SANTA FERIA


9 de septiembre de 2011

Desde que vi que su visera llevaba en uno de sus costados una whipala de parche, supe que la tocata se vendría buena. Era la primera vez que veía a Santa Feria, una no tan fría noche de inicios de septiembre de este año en un galpón camuflado en General Jofré, y no había escuchado nada de ellos antes de ese momento. O quizás algo, pero muy a la pasada. Es decir, los esperaba sin ningún tipo expectativa. Mucho mejor así.

9 de septiembre de 2011

Ya de solo verlos, me gustó su pará, su imagen no artificial. En sus vestimentas, por ejemplo, el cantante y el tecladista, proyectaban simplemente comodidad, nada de adrede ni de ocasión, tan típico entre tantas bandas que andan tocando por ahí. No querían aparentar nada, y lo que proyectaran de seguro lo eran.

Cuando ya comenzaron a tocar, todo se confirmó. Energía cumbiera pura, presencia en el escenario, carisma, comunicación con un público que claramente los iba a ver a ellos. Y cumbia. Mucha cumbia. De la buena y de la variada. Justamente, como una buena feria.

A los días después los vi de nuevo, ahora en Maestra Vida. Ya sabemos, las tocatas ahí ganan en impacto visual y sonoro: los músicos están inmediatos, casi bailando o saltando con el público, y el sudor se hace uno y la vibración se hace única. La acústica, además, es de las mejores que se puede encontrar en Santiago para una tocata de cumbia y en general ahí uno goza y disfruta buenas presentaciones (al menos, mis mejores recuerdos de Chico Trujillo y de la Banda Conmoción son de ese local). Esta vez no fue la excepción. Me paré al lado de ellos, por el costado del escenario, y pude observar muy de cerca toda la interacción interna. Parecen muy afiatados y convencidos de lo que están haciendo. Y muy felices de cantarle a un público que los sigue fielmente y que corea todas sus canciones.

Esas dos tocatas me bastaron para convencerme de que Santa Feria es de lo mejor que he visto este 2011. Y de lo mejor que tiene la actual movida cumbiera santiaguina. Tres aspectos en que me suelo fijar en una banda del nuevo mambo se conjugaban en Santa Feria y eso hizo que me quedara un sonar de oído feliz y entusiasmado.

– Amor por la cumbia: vaya a saber uno si la cumbia es lo que más les gusta en la vida. Quizás sí, quizás no. Alonso González, por ejemplo, claramente también ama ponerle raggamuffi a su vida. Una combinación que no va resultando extraña en el seno del nuevo mambo. Pero en general, la banda proyecta un amor natural por la cumbia. Y para mí, ese es un aspecto esencial al momento de disfrutar una banda chilena. Con otras bandas del nuevo mambo santiaguino me pasa que siento que proyectan con desagradable claridad que solo tocan cumbia porque es lo que está de moda y que se harán parte del movimiento solo mientras dé réditos y mantenga cierta valoración social. Los músicos de esas bandas suelen ser los que, a la vez, tienen un tono claramente impostado en sus vestimentas tropicales y en sus amaneramientos para bailar y cantar. Tienden a la burla y al canto forzosamente chistoso, falsamente populacho. No va cumbia por sus venas y lo proyectan. Con Santa Feria, sentí todo lo contrario. Sentí gusto y comodidad con lo que tocaban. Sentí que lo que hacían era lo que querían hacer. Y sentí que habían escuchado cumbia en sus vidas, que el sound y la villera había estado en sus carretes de pendejo, que no se vienen a sumar solo a una nueva ola cumbiera capitalina.

9 de septiembre de 2011

– Magnetismo en el escenario: A algunos cantantes les sale forzosa la buena onda arriba del escenario. Otros simplemente renuncian a generar magnetismo y se dedican llanamente a cantar, casi sin importarles tener contacto con el público. Los dos casos me dejan un mal sonar de oído. Y bueno, no todos pueden ser El Macha, pero tiendo a creer que el que tiene algo de cumbia en la sangre lo proyecta en el escenario. Alonso González, el vocalista de Santa Feria, tiene harta presencia escénica, carisma y buenas vibraciones. Es alegre, es vital, baila, mueve sus brazos, genera contacto ocular claro y chispeante… se comunica con el público en todo momento y en todo momento proyecta placer de estar ahí, cantando lo que está cantando. Así solo queda bailar, saltar y corear sus canciones.

9 de septiembre de 2011

– Energético el en vivo: Si hay un factor común que identifico en las grandes bandas del nuevo mambo es que su corazón y su esencia está en el en vivo, en detrimento de la grabación en estudio. Me pasa con Chico Trujillo, con la Conmoción, con Chorizo Salvaje y ahora con Santa Feria. Y no es que sus discos y grabaciones sean malos. Tampoco es un tema técnico. Relacionado con el punto anterior, es un tema de energía y magnetismo. Estas son bandas hechas para el en vivo, para estar con gente sudando, para comunicarse y entablar un vínculo. Esa energía, esa potencia en el escenario, obviamente no se proyecta de igual manera en la fría grabación en estudios, aunque estas suelen ser de buena factura e igualmente alegres. Pero las buenas bandas de cumbia no se escuchan en hifi. Se escuchan y se gozan en la tocata, en el mambo, con la amplificación a todo dar y un leve toque de saturación. Y aun con buena amplificación, no todas las bandas son capaces de proyectar esa vibración y las ganas inexorables de bailar. Solo las buenas. Santa Feria lo hace.

9 de septiembre de 2011

Santa Feria tiene, entonces, gran magnetismo en vivo, ahí proyectan más energía que en el disco (como buena banda de cumbia que son) y se nota que naturalmente les gusta la cumbia. Además, componen sus propias letras y melodías; con guiños a varios estilos, pasando por una marcada influencia villera, con toques de sound y cuarteto, hasta un explícito homenaje a la cumbia nortina que a Chile trajo en algún momento Adrián, en “Amor sin fronteras”, tema que, además, tiene una excelente letra que homenajea las buenas cumbias andinas de siempre. Así, hay que puro seguir viéndolos en vivo y vacilando sus canciones. Definitivamente, imperdibles en el panorama actual de cumbia capitalina.

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