EL FANTASMA DE LAS CUMBIAS PERUANAS EN CHILE


Un fantasma recorre las cumbias del Chile central: el fantasma de las cumbias peruanas. La gran mayoría de las fuerzas históricas difusoras, recopiladoras y explicativas de las cumbias “chilenas” (i.e. del Chile Central) se han unido en blanquiñosa cruzada para ningunear ese fantasma: las agrupaciones, los productores, la mayoría de los historiadores santiaguinos y la prensa. México, Colombia, Argentina e incluso Venezuela aparecen constantemente recreados como los lugares de donde han venido las canciones que cantamos y bailamos, pero un silencio acaso ignorante, acaso discriminador, mantiene el nombre de Perú (y de Ecuador y de Bolivia) en la más absoluta falta de reconocimiento del capital aporte al cancionero más querido y atesorado de cumbias.

Lo anterior es un sello medular de la historia de las cumbias en Chile y es  completamente cierto en Santiago, pero, claro, menos cierto a medida de que vamos avanzando por la carretera hacia el norte, porque desde el Aconcagua hacia la Línea de la Concordia históricamente se ha tenido más posibilidades (a través de las radios o de conciertos en vivo) de presenciar y consumir cumbias peruanas y bolivianas en sus versiones originales y de manera directa. Las giras de Los Maravillosos del Perú suelen llegar hasta San Felipe y Los Andes y en Iquique y Arica hay radios que con completa naturalidad alternan cumbias nacionales con cumbias y sayas de los países vecinos.

Esa naturalidad y esa accesibilidad no han existido jamás en Santiago, excepto algunos subterfugios que han surgido en la última década. Nunca me he encontrado un vinilo de Los Destellos en un persa chileno; nunca ha ocurrido, creo, que un programa de televisión invite a una banda peruana a tocar sus éxitos; Armonía 10 nunca amenizó un festival veraniego, nadie pide las canciones de Los Mirlos en la versión de Los Mirlos, ni nadie solicita no poner la versión de Américo, sino la del Grupo Kaliente o del Grupo 5. En los bailables radiales no suelen ir mano a mano Tommy Rey, La Sonora Malecón y el Grupo Guinda, ni son considerados de culto Los Hijos del Sol, tal como sí lo son Rodolfo Aicardi, Pastor López, Armando Hernández y La Sonora Dinamita. Y sin embargo, muchos de los grandes éxitos que coreamos en nuestras fiestas son de origen peruano.

El caso del pobre Américo obligado a reconocer, ante su público centrino y televisivo,  que muchos de sus grandes hits eran peruanos lo comentaré con más detalles en otra entrada, pero vale señalar por el momento que ese reconocimiento, efectuado en 2009/2010, venía siendo inevitable y, de todas maneras, resulta sorprendente, sobre todo cuando se sabe que canciones peruanas han sido interpretadas por agrupaciones nacionales desde Giolito y Su Combo y el ya mencionado Tommy Rey.

Yo he podido registrar un poco más de 40 canciones absolutamente conocidas en el país que son de origen peruano, y que van desde éxitos clásicos como “Daniela”  y “Agua que no has de beber” hasta los recientes de Américo. Veamos la lista, lista que catalogaría, sin dudas, de provisoria:

Hacer click aquí para revisar catastro de más de 40 cumbias peruanas conocidas en Chile

Extracto de las más de 40 cumbias peruanas conocidas en Chile

Ahora bien, ¿por qué ha ocurrido este fenómeno de silenciamiento de la fuente original? Dos factores parecen haber incidido. El primero, el más evidente, pero quizás el más débil como argumento, es el escenario conflictivo y difícil de imaginar de asumir que muchas de nuestras cumbias más caras y bailadas son de origen peruano, especialmente pensando en el chauvinismo y racismo  inadmisibles e incomprensibles que circulan en muchos de nuestros discursos mediáticos y que, claro está, lamentablemente, no escapa al mundo de las cumbias del Chile Central. Algo de eso hay, aventuro, en la manera en cómo Los Vikings 5, por ejemplo, suelen señalar que lo de ellos es un “estilo propio” (lo que puede ser… pero, ¿acaso nunca escucharon un disco de Los Destellos en los setenta?) y, sobre todo, en el silencio general que se instauró en torno al Sound en relación a sus orígenes e influencias (mucho se habló entonces de su indudable (!) relación con la Bailanta argentina, pero nada de la más evidente relación con la Technocumbia peruana, la Cumbia sureña y la movida boliviana). Por supuesto, de manera más obvia, se puede rastrear dicho factor en la ya mencionada reacción ante la evidencia de que las cumbias de Américo ya habían sido grito y plata, años antes, en todo Lima. ¿Alegría escuchó alguna vez a Pintura Roja? Buena pregunta para hacerles a los punitaquinos. De todas maneras, algo de eso hay no solo en este silenciamiento del aporte e influjo peruano en nuestras cumbias, sino, muy probablemente, en el blanqueamiento general con las que ellas se recrean y discursean, tal como está develando el colectivo Tiesos pero cumbiancheros.

El segundo factor tiene que ver con lo que fue la estrategia de difusión y apertura del propio mercado peruano desde los mismos años setenta. En una decisión difícil de entender, quizás motivada por la autosubvaloración, la poca fe, o acaso por la avaricia de solo asegurar éxitos, los productores y sellos discográficos peruanos no parecen habérsela jugado nunca por expandirse por el mercado latinoamericano de manera directa y autónoma, y prefirieron ceder sus derechos sobre todo a agrupaciones colombianas, que volvieron los temazos peruanos en éxitos continentales. ¿Por qué nunca cambió esa situación? Difícil responderlo ahora. Lo cierto es que efectivamente en Colombia, por ejemplo, también dan por hecho que son propias muchas de las cumbias del Rímac. Y es casi seguro que a Chile todas esas cumbias llegaran solo y exclusivamente en las versiones de Pastor López (venezolano) o de Rodolfo Aicardi (colombiano), entre otros. En otras palabras, el plan de difusión peruana hacia el continente fue vía Colombia, haciendo pasar por colombianas sus hits, acaso por prestigio, acaso por rechazo del resto del mercado.

[Nota febrero de 2012: un amigo peruano, denombre Carloncho, me aportaba en la crónica que hago de la canción “Cariñito” una explicación política de la situación antes comentada. Me indicaba que el motivo de dicha no-estrategia de difusión de las propias gabaciones peruana nació como una de las aristas de los planteamientos nacionalistas de la dictadura militar que gobernó al país incaico por aquellos años. Lo anterior se tradujo enun desarrollo musical “hacia dentro” y que por eso “los dueños de las disqueras para evitarse problemas legales, vendían las matrices a disqueras colombianas y mexicanas”. Recomiendo leer el aporte completo en la sección de “comentarios” de la entrada “Cariñito”].

Lo cierto es que Perú se conformó [o se tuvo que conformar], vaya sorpresa para nuestros países, a ser un exportador cumbiero de materia prima de bajo costo y escaso valor agregado (como habría sido si la estrategia hubiera sido salir a conquistar América con sus propias excelentes bandas y agrupaciones). Esta situación es tan curiosa que México generó sus propias agrupaciones de cumbia andina, que tocan tal como si fueran agrupaciones bolivianas y peruanas, pero que no lo son (escuchen especialmente a Los Askis).

Lo nefasto de lo anterior no es solo que, por regla general, no tuviéramos acceso a las canciones que cantamos y bailamos en sus versiones originales (¡¡gracias San Youtube y San Soulseek!!), sino que derechamente nos privamos de conocer una infinita cantidad de temazos de todas las cumbias peruanas que no se difundieron, simplemente por quedar en sus versiones primeras, sin réplicas por agrupaciones extranjeras. A casi todo Juaneco o Chacalón y La Nueva Crema no tuvimos acceso ni directa ni indirectamente, excepto ahora, dado todos los movimientos revisionistas de las juventudes acomodadas y de sectores medios urbanos que están ocurriendo en Chile, Perú, Colombia y México.

Mientras tanto, las historias habituales sobre las cumbias en el Chile central y capitalino poco o nada dicen sobre el Perú. Investigadores y cultores del norte (Arica e Iquique) conciben, por supuesto, el asunto de una manera mucho más transparente y compleja a la vez. En los textos canónicos santiaguinos, más bien nada. Por el lado de la prensa, menos. Como muestra, un botón: el sábado 20 de agosto, el diario El Mercurio publicó, en su nuevo cuerpo “Vida Actual”, una suerte de mapa americano de los ritmos tropicales, como apoyo publicitario de un dizque “Carnaval de la cumbia” en el Movistar Arenas (“una maratón musical que promete no dejar a nadie inmóvil. Desde las bandas más clásicas del género hasta las que hacen sus primeras armas ante las grandes audiencias. Desde el infaltable Tommy Rey y La Sonora Palacios, hasta Villa Cariño y Juana Fe” (pág. 16)).

El reporte en cuestión apareció a plana mercurio completa (página 23), con el título “El origen de los ritmos tropicales”. No sé si es idea mía o qué, pero la infografía intenta asemejar a un mapa de sudamética, con imágenes de Pérez Prado, Agustín Lara, Tito Puente y el dibujo de una pareja de afrodescendientes en onda caribeña. A un costado, chiquita, una imagen de Juan Luis Guerra, y abajo información sobre los “íconos de la música tropical chilena”, con imágenes de respaldo de la Orquesta Huambaly, La Sonora Palacios, Amerika’n Sound, Chico Trujillo y, con mayor porte, Américo.

Lo sintomático del reportaje, desde mi criterio, es la omisión absoluta de Perú como país generador de música tropical (cumbias y salsas) e influyente en el repertorio americano. Los países mencionados son Estados Unidos, México, Cuba, Colombia, República Dominicana, Argentina (con la Bailanta y la Cumbia Villera) y, por supuesto, Chile. La entrada particular se subtitula “Cumbia chilena” y dice: “Si bien fueron los solistas Luisín Landáez y Amparito Jiménez quienes introdujieron la forma colombiana de la cumbia al país, habría que apuntar al combo tropical de La Sonora Palacios como los responsables de convertirla en un baile de salón al estilo de las grandes orquestas de mediados del siglo XX, interpretada con el formato de sonora (incorporando bronces) y piano. A mediado de los 80, en el norte chileno comenzó a gestarse una escena de cumbia andina (o nortina) que rescató los elementos folclóricos originales, para evolucionar después hacia un sonido tecno pop fuertemente influenciado por la bailanta argentina, y potenciado por las franquicias tributarias del puerto libre de la región, lo que permitía comprar instrumentos electrónicos de última generación”. Como se ve, la historia de la cumbia se recrea como si se tratara de un lejano influjo colombiano (recreado, de igual manera) y luego, de autopoiesis. Cuando hablemos del otro gran silenciamiento de las cumbias en Chile (la Cumbia ranchera), volveremos a este artículo escrito por Julio Osses.

Por el momento solo me queda decir que más temprano que nunca ocurrirán las siguientes dos cosas en Santiago de Chile.

1. Saldrá un gran cantante de cumbia o una gran agrupación cumbiera desde las familias migrantes que se han establecido en la capital en los últimos quince años. Será prejuiciado y excluido, en principio, de las principales radios y medios de prensa del país, jamás llegará al Festival de Viña, sin embargo será una pieza fundamental de las cumbias chilenas y de la cultura peruanomapochina que comienza hoy por hoy a gestarse. Será nuestro Héctor Lavoe de la cumbia.

2. Una o varias agrupaciones de cumbias peruanas sonorán con hits nuevos en radios capitalinas (algo de eso ya sucede en en Radio Píntame, también para comentar después en extenso). También se resistirán al principio y se dirá que es música de cholos e inmigrantes, pero luego será inevitable que las toquen, y mucho. Bailaremos cumbia peruana en nuestras fiestas y llegarán a los en vivo en medio de giras por todo Chile. Se dirá

Sí o sí al menos una de los dos premoniciones anteriores sucederá, no lo dudo. Sobre todo la primera, dado que están creciendo en Chile generaciones de hijos de migrantes nacidos ya en Santiago y con una rica y contrastante cultura de adaptación y de margen a la capital. Algo bueno saldrá de ahí. Ese día llegará.