“LAS ÚLTIMAS NOTICIAS” Y EL MACHA DE CHICO TRUJILLO (III PARTE)


Dos festivales han marcado, por el momento, la historia de enamoramiento y fervor de LUN hacia Chico Trujillo: su éxito en Lollapalooza 2011 y su negativa a asistir al Festival de Viña 2012. Durante el 2011 fue tal la “preocupación” y el interés que bien se podía pensar que LUN le estaba haciendo la campaña a Chico Trujillo para que llegara al certamen viñamarino, o que al menos calentaba los motores de manera protagónica. Pero todo se acabó a inicios de febrero, cuando El Macha apareció insistiendo no solo en la negativa de su banda a ir Viña, sino también en su distancia con la prensa nacional y en rechazo a atribuirles algún papel en su sonora (casi ruidosa) fama durante 2011.

“Hasta los extranjeros”

El primer Lollapalooza en Chile, en abril de 2011, fue considerado unánimemente por la prensa nacional como un gran éxito. El evento fue todo un golpe mediático y que tuvo como arista particularmente destacada la presentación de Chico Trujillo. En muchos sentidos, los reportes de prensa daban cuenta de dicha presentación casi como reporteros internacionales: como si los escucharan por primera vez. Pronto la noticia se volvió no que la banda había tocado de tal o cual manera, sino que la prensa estadounidense había reaccionado de tal o cual forma, y eso disparó los bonos de los villaalemaninos al infinito.

LUN, por supuesto, lideró una fiebre que atravesó a toda la prensa santiaguina, desde El Mercurio a las radios rockanpoperas, que si hasta entonces programaban “Loca” solo los sábados en la noche, desde entonces sintieron que ya no había que sentir vergüenza de colocarlos en la programación diaria. Y “Loca” sonó hasta el hartazgo.

No es raro pensar que, efectivamente, Lollapalooza permitió que muchas personas de estratos medios y altos y/o de afinidades musicales habituales no cumbieras pudieran ahora confesar o permitirse escuchar Chico Trujillo (“incluso hombres con pinta de metaleros se mueven con la cumbia rock”, diría LUN al respecto). Ese es un fenómeno de validación en el discurso social que siempre ha acompañado a las cumbias en Chile y Chico Trujillo, quizás muy a pesar de ellos, no tenían por qué ser la excepción. Es el papel que cumple LUN en todo esto, además, según mi análisis de toda esta saga.

El 04 de abril de 2011 LUN le otorga a Chico Trujillo nuevamente su portada, con un “Gran Chico Trujillo” (ver I parte) y subtituló: “El público del Lollapalooza se rindió a los encantos de la banda más carismática del festival”. La nota interior destaca que “hasta los extranjeros se desataron con el ritmo chileno” (negritas mías) y sintetiza lo vivido con un expresivo “(la banda ) desató la locura”.

No es raro, insisto, que el tratamiento periodístico de las cumbias esté constantemente haciendo un ejercicio de validación. Normalmente referirse a las cumbias se trata, por parte de la prensa y la televisión, de un “incluso ellos la disfrutan”, muy claro en las crónicas de LUN por aquellos días. Ya cité la mención a los “hombres con pinta de metaleros”, pero no solo fue eso. Líneas después insiste en que “hasta los extranjeros danzan como poseídos” (lo que, de pasaíta, demostraba cierta ignorancia en relación a la larga trayectoria europea de Chico Trujillo desde su naciemiento) y solo se le da tribuna y poder de voz a dos personas: una chica suiza y otra australiana. Cosmopolismo absoluto.

“Una camioneta de flores”

Al día siguiente, el enamoramiento llegó a su máximo nivel de oxitocina, cuando se supo el comentario redactado por Jon Pareles para el mismísimo New York Times.  Según Las Últimas Noticias, el enviado estadounidense le dedicó “una camioneta de flores” a Chico Trujillo: “aunque la cumbia suele ser lenta (!), la versión de Chico Trujillo galopa (…) Chico Trujillo lo tiene todo (…) Es una banda fiestera de categoría mundial”.

Aparentemente, el reporte de Pareles funcionó como visa para que LUN saliera a recabar loas del medio nacional, con una bizarra referencia a pichangas jugadas con Juana Fe y los argentinos Pibes Chorros. Extrañamente, además, intentan generar una polémica entre Christian Rico (Galpón Víctor Jara) y Matías Arce (Maestra Vida), como si estuviera en discusión el local más emblemático para la banda (dice el periodista: “Arce aseguró que la verdadera casa del grupo es ese local”).  Y terminan elevando al Macha a una suerte de gurú de la escena local que sería capaz de bendecir o maldecir el estilo de las demás bandas, al menos la de Villa Cariño, banda que permanentemente LUN ha tratado de vincular con Chico Trujillo (“En esas circunstancias ocurrió un hecho que marcó la vida de Max Vivar, el vocalista de Villa Cariño: ‘Hace tres años uno de los Chico Trujillo  dijo que nosotros tocábamos diferente. Me encontré en el Maestra con El Macha y le pregunté qué onda. él me miró y me dijo: Sí, los escuché… wena la weá‘”). Curioso asunto, por lo menos. No tanto la anécdota, sino la construcción de la notica por parte del periodista de LUN.

La camisa del Macha

El siguiente capítulo de fervor por parte de LUN se dio para las fiestas patrias. El 21 de septiembre LUN pone en portada: “Las cábalas de Chico Trujillo: cerveza, ají y camisa sin lavar”. Cabe destacar la constante identificación de metonimia visual que LUN realiza al referirse al Macha prácticamente como si fuera el chico Trujillo. La nota interior se focaliza aún más en el fetiche de la camisa:

Tres cosas me gustaría destacar a partir de esta nota y que dan cuenta muy bien, desde mi perspectiva, de la estrategia seguida por LUN en relación a intentar generar un fenómeno en torno a Chico Trujillo:

1. No importan las tocatas ni la música que Chico Trujillo hace. Los comentarios a lo que sucedió en el escenario son mínimos o inexistentes, ya sea en este reporte como en el reporte de Lollapalooza. Solo importa la figura mediatizada por LUN.

2. También es inexistente la dimensión política de los integrantes de Chico Trujillo. De hecho, el efecto que se busca propagar es justamente el contrario: la despolitización de la imagen de la banda. Se potencian así los rasgos que permitan la mediatización.

3. LUN recurre a otros referentes de las cumbias chilenas solo para preguntarles por Chico Trujillo. Ni Juana Fe ni los Viking’s 5 son bandas habitualmente mencionadas en las páginas de LUN, pero son contactados por la gente de LUN para acrecentar la imagen de referentes nacionales o banda más importante para la escena en torno a Chico Trujillo. Una mezcla de aprovechamiento (por parte de LUN) y, quizás, ingenuidad (por parte de los músicos).

El silencio

A medida que iba ocurriendo esta saga de amor durante el 2011, uno podía preguntarse, con legitimidad, y sin conocer la interna, cuál era la percepción trujillana ante todo esto. Las señales podían ser confusas: tanta portada, tanto Lollapalooza, tanta rotación radial (que venía gestándose desde 2009, pero que explotó durante el año pasado) daban cuenta de una tensión y de un delgada línea roja entre los intentos mediatizantes de cooptación de la prensa y las empresas radiales y el perfil histórico que la banda había construido, en el cual destaca de sobremanera, desde sus primeras entrevistas por allá por el 2001, de que su carrera se construiría al margen de la prensa con más capital. De hecho, no es que la prensa descubriera recién el 2011 a los villaalemaninos (reportes de Chico Trujillo hay almenos desde 2005 por La Nación y desde 2009 por El Mercurio y La Tercera), pero efectivamente todo su época de oro se gestó al margen de las notas periodísticas de los grandes conglomerados.

Para la lógica mediática, la coronación del intenso 2011 de Chico Trujillo debía ser, cual ley atávica, la presentación de la banda en el Festival de Viña 2012. Esa era la prueba de fuego, en definitiva, para su consagración como banda en el circuito de mediatización o no. Prueba de fuego para la validación definitiva. Desde mi perspectiva, prueba de fuego para observar si las cosas habían cambiado tanto o no desde esa banda con dos presentaciones por show del lejano (pre) 2006. Pero hay que notar que para la prensa de farándula, solo el Festival de Viña (acaso más que Lollapalooza incluso) otorga certificado de existencia para un músico nacional. Por supuesto, el tema da para un post aparte, pero siempre sorprende el sentido sacro, ritual, de una presentación en Viña del Mar. Fetichismo puro que en el caso particular de la cumbia ha sido ninguneado (basta recordar los silenciados pasos de Garras de Amor o de Villa Cariño o la resonancia de las palabras de Américo criticando la conducción del evento), pero que en el caso de Chico Trujillo adquiría ribetes de relación con complejo de Electra.

En diciembre la expectativa aumentó, hasta que hacia fines de mes la desilución cundió en la prensa nacional. Chico Trujillo privilegiaría una serie de presentaciones en provincia y, posteriormente, una gira por ciudades de Estados Unidos. “No los vamos a rogar” dijeron desde Chilevisión.

El punto final vino a principios de febrero, cuando un integrante del staff de la banda dio declaraciones en la que se cerraba completamente la puerta a cualquier invitación al Festival de Viña, de 2012 o de cualquier año: ” hay una coherencia política de la banda de no darle cuerda a los mismos medios que ‘criminalizan la protesta de los estudiantes o a los mapuche’. Con esa prensa, ‘Chico’ no calza”. Las palabras de El Macha, por su parte, habrían sido: “No, vamos a Viña, ya lo dijimos. No vamos a ir, porque nos gusta tocar en vivo, no en show de tele. No nos gusta tocar en programas de televisión”.

Lo llamativo de toda esta escena, en relación a la historia que vengo contando, es que LUN no mencionó ni media palabra de las palabras de su ídolo cumbiero. Ni una. De hecho, ni siquiera estoy seguro que hayan publicado alguna vez en diciembre de 2011 que Chico Trujillo rechazaba definitivamente asistir al Festival de Viña. Descepción y sensación de esfuerzo vano, seguramente. Desde entonces, no he vuelto a ver notas sobre la banda en sus páginas, y supongo que no aparecerán sino hasta cuando otro evento de legitimización social cuente con ellos.

Em general, el interés de la prensa por la cumbia ha sido históricamente problemático y prejuicioso. Con el sound el tratamiento fue particularmente distante y paternalista, por ejemplo, y el nuevo mambo solo ha ido ganando un espacio en cuanto significa para el medio una señal pública de apertura (cuando paralelamente en sus páginas de política se mueve en dirección contraria, la mayoría de las veces) o de cooptación de un fenómeno que alcanza temporalmente a las capas medias y altas y, por lo tanto, goza momentáneamente de esa validación social. El trato periodístico de Chico Trujillo por parte de LUN ha sido sintomático de todo esto y por eso lo he intentado describir tan detalladamente, pero se puede observar igualmente en el resto de la prensa capitalina y en relación a las demás bandas. Ya habrá momento, de todas maneras, para comentar esos otros casos, no solo en torno a Chico Trujillo, sino en torno a las cumbias como diversa integridad.