CUMBIAS PERUANAS EN EL MAMBO SANTIAGUINO (A PROPÓSITO DEL GRUPO AURORA EN LA PEÑA DEL NANO PARRA)


Desde julio de este año venía registrando tocatas de Grupo Aurora y tuve la oportunidad de verlos por primera vez en la Peña del Nano Parra este viernes 14 de septiembre. Los espacios en la Peña se hacían estrecho entre las mesas y toda la gente que había. Nano Parra se esfuerza (o se obstina) en mantener su espacio como un lugar de características mixtas, un poco también con lo que ocurre con Conacín, y que hace pensar en locales inolvidables de mambo como Romerito. Las mesas, exiliadas para siempre de muchos espacios de mambo capitalino, acá restan espacio para el baile, pero mantienen una representación, un discurso, de que estos espacios tienen historia y que se enlazan, efectivamente, con la tradición de peña, aunque de ese mundo de peña poco o nada quede en el evento mismo.

Esta fiesta, además, de viernes 14 era el punto de partida de lo que se ha venido llamando “el 18 más largo de la historia”. Al ser feriados los días lunes 17, martes 18 y miércoles 19 (estos dos últimos días por primera vez en la historia feriados irrenunciables ambos), las expectativas de un 18 interminable revolucionó los mambos capitalinos, de tal manera que todo local que se aprecie tenía programaciones intensas de cumbia y cueca para todos o gran parte de esas noches.

En general, las tocatas diecicheras de mambo santiaguino no exacerban casi en ningún sentido el patriotismo chauvinista más propio de las reales fondas. Hay, claro, una ornamentación distinta, quizás, y las jornadas se matizan con agrupaciones de cueca brava que durante el año, al menos en este último tiempo, no están tocando en los mambos. Los dj, como en el resto del año, solo ponen cumbia y quizás salsa, pero no cuecas, y en ese sentido en general las tocatas mantienen su fisonomía más o menos conocida durante el resto del año. Recuerdo muy bien el 18 de 2009, en Romerito justamente, con Chorizo Salvaje. El discurso de la banda era, entonces, de que el 18 es una gran fiesta, pero jamás una fiesta nacional, y correspondientemente los gritos de ¡liberar liberar al mapuche por luchar! y gritos hermanos matizaban bastante el sentido patriotero de la celebración. Para mejor, por supuesto.

Este 14 de septiembre, nada de ceacheí ni palabras que, por oposición, resultan ser xenófobas. Por el contrario, en un ambiente más bien de jolgorio y exaltación habitual, el Grupo Aurora tocaba cumbias peruanas setenteras costeñas y selváticas. Principalmente de estas últimas:  mucho Los Mirlos y mucho Juaneco y Su Combo. Tambien Los Destellos y, entendí, un par de composiciones propias de línea instrumental, en el exacto estilo de los maestros peruanos de antaño. Nada chicha. Seis integrantes jovencísimos y chilenos daban cuenta de un manejo instrumental y estilístico sin fisuras de las cumbias setenteras (sobre todo en guitarra y bajo), aunque a veces tendían al alargamiento solista que no se corresponde tanto, según mi apreciación, con esa tradición, pero que sí parece imponerse en la manera santiaguina dosmilera de interpretar esas cumbias (con Ayawasca como principal antecedente). Pero sonaban realmente a cumbia peruana en la limpieza del fraseo de la guitarra y en la línea melódica del bajo siempre juguetona y anticonvencional. Quizás por el sonido amplificado, quizás porque aún falta completar la búsqueda, la percusión quedaba un poco atrás en relación a estilo y posibilidades expresivas.

No manejo hoy por hoy antecedentes biográficos del Grupo Aurora (Nota2 de octubre: personas que han leído esta crónica me han contado que son todos santiaguinos), si algunos de ellos tocaron en otras bandas (ver comentario), si son músicos profesionales o estudiantes universitarios, si realmente se formaron a mediados de este año, etc., pero me resulta evidente (felizmente evidente) que ya se estableció una tradición de cumbia peruana en el seno del mambo santiaguino, impensable hace diez años e incipiente o tímida hace recién cinco (el afiche más antiguo que tengo es de Eqeqo en una tocata de marzo de 2009). Ya hemos hablado como en esto los djs han jugado un papel muy relevante en encontrar, establecer y difundir un canon (mucho costeño y selvático, chicha en menor grado, otros estilos nada en absoluto), afianzado por las bandas dedicadas a versionar cumbias peruanas: Eqeqo en su momento [afiches]; Ayawasca [afiches] y La Chicha y Su Manga [afiches] aún vigentes. Sería genial verlas juntas en un mano a mano.  Lo que me interesa es registrar cómo para la tradición cumbiera santiaguina los últimos años han sido de creciente e intensa exposición a todo un repertorio de cumbias con más de 25 o 30 o incluso 40 años de existencia y que se presentan en los escenarios del mambo santiaguino casi como novedad. Radio Píntame programaba “Ya se ha muerto mi abuelo” casi como single en alta rotación durante el 2011. El proceso lo comenzó quizás  Chico Trujillo con su versión de “El eléctrico”, pero sospecho que youtube y soulseek (y los viajes universitarios al Cusco y a Máncora) hicieron más por esta exposición. Anarkía Tropikal incluye en sus tocatas repertorio peruano, al igual que algunas otras bandas del mambo. Decidor es, en este sentido, que las primeras de estas bandas que ahora comento recurrían a una suerte de eslogan explicativo: “Cumbia tropical andina”, en el caso de Eqeqo y “Cumbia psicotropical” o incluso “cumbia rock andina psicodélica” en el caso de Ayawasca, eslóganes que funcionaban un poco como señalizaciones de un estilo, pero también como validaciones o recreaciones discursivas en torno a la cumbia peruana. También es decidor que en general estas bandas siguen sin explicitar en sus presentaciones que ese repertorio es peruano clásico (excepto La Chicha y Su Manga, que tiene, en realidad, otro origen y otro camino recorrido). En esta presentación de Grupo Aurora me preocupé especialmente de atender a si mencionaban la procedencia de sus cumbias, cosa que no ocurrió. ¿Será que se da por hecho? Por último, creo necesario distinguir entre este proceso de interpretación y difusión de cumbias peruanas con el que siempre ha ocurrido en torno a la technocumbia, el sound y la nueva movida tropical, especialmente porque este otro diálogo con las cumbias peruanas (y bolivianas y argentinas) se da en la contemporaneidad (se versionan canciones del momento) y sobre todo porque viene del norte, especialmente Iquique y Arica, donde se conoce de antemano el origen de estas cumbias (aunque en sus procesos de difusión en el Chile central se haya silenciado el dato, probablemente de adrede, por muchísimos años).

Ahora, si en la presentación del Grupo Aurora escuché bien, ellos han dado un paso más en esta historia y han comenzado a componer sus cumbias en estilo costeño / selvático setentero, lo que significaría un extraño hito hasta ahora. Siempre insisto en que el algún día tendrá que haber alguna banda santiaguina con músicos peruanos o hijos de migrantes, pero quizás el eslabón intermedio es una banda (¿con integrantes chilenos?) que comienza a componer bajo el estilo, la técnica y la filosofía de las cumbias peruanas setenteras. No me parece lógico, de todas maneras, que esta creciente exposición al repertorio peruano, constante en el tiempo, no genere nuevos espacios de diálogo e interacción entre santiaguinos y la comunidad migrante. Si con el tiempo, esta cumbia sigue difundiéndose y consumándose en un circuito paralelo al de las comunidades migrantes, me parece que no se habrá comprendido el potencial intercultural y democrático de las músicas populares. Ejemplos de eventos absurdos desde esta perspectiva ya tenemos en el seno del mambo santiaguino, y nuevamente es La Chicha y Su Manga y, de otra manera, Anarkía Tropikal quienes han avanzado en correlacionar sus búsquedas musicales con nuevas posibilidades de encuentro e interacción en el Santiago actual. Puestas así las cosas, hay indicios contradictorios o, en términos positivos, caminos llenos de posibilidades que recién se comienzan a explorar. Ahora bien,  si el público cumbiero sigue, después de todo esto, solo mirando al Perú en el Perú (casi como un lugar de turismo y música exótica) y no al Perú que convive con nosotros en Chile, este momento de exposición a las cumbias peruanas habrá sido una moda que, aunque esté ampliando el repertorio y la experiencia estética de escucha, no habrá aportado lo suficiente o lo posible en términos de cambios culturales y sociales.

Qué hermoso sería que las cumbias aportaran a eso.