CANCIONES EN DIÁLOGO: SANTA FERIA Y FLORCITA MOTUDA


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Creo que son ideas, concepciones y visiones que están en el aire. Que las compartimos sin darnos cuenta. Que las hacemos circular en nuestras conversaciones y en nuestras discusiones. Que están ahí, dando vueltas permanentemente, como filosofías o cosmovisiones latentes. De pronto toman cuerpo de formas distintas y en tiempos lejanos. Pero llevan el hilo del diálogo armando visagra. Parece no haber intencionalidad, pero en el fondo hablan de lo mismo. No de la misma manera, pero en respuesta a la misma necesidad.

Cuando hace unas semanas escuché “Lo que va a pasar” de Santa Feria [afiches],sentí, en una primera escucha, que estaba frente a la canción más política del grupo y, quizás, del nuevo mambo completo. Aunque la canción no dice política ni en anagrama. Después muté mi percepción hacia un tema existencialista. Una joyita de golazo, pensando en el tono más habitual de nuestras cumbias. Pero de pronto percibí que “Lo que va a pasar” establecía un diálogo misterioso e inefable con “Pobrecito mortal si quieres ver menos televisión descubrirás que aburrido estarás” y que era existencialista y política a la vez. Entonces todo cobró sentido. Un complejo sentido que está ahí, en el aire.

 

“¿Cuándo? ¡¡En la tele!!”

Florcita Motuda [afiches] es un artista increíble. Representó, en los años 70 y 80, una mente y un espíritu lúcido y aireado en tiempos en que las mentes y los espíritus no estaban justamente ni lúcidos ni aireados. Desde mi perspectiva, Motuda es el artista por antonomasia que, sin hablar de política coyuntural, convierte su mensaje y su forma en arte político en el más alto, honesto y dialogante sentido de la palabra. “Brevemente gente” es un grito desesperado hecho canción de cuna, con una dulzura casi inentendible en plena dictadura. “Pobrecita mortal…” es, por el contrario, una canción apocalíptica y que respira paranoia y desazón. Lo hermoso de la canción es que esa paranoia y desazón están disociados, están mediatizados, en la construcción discursiva de la realidad del periodismo. Quizás ahora nos suene a lugar común lo anterior, pero supongo que para fines de los 70, con la mitad de Chile deslumbrados por la televisión a color y por noticieros hechos para distraer, confundir o desviar la atención, debe de haber sido una idea muy adelantada y, sobre todo, incomprendida.

Para mí, lo central de “Pobrecito mortal…” está justamente en ese humano que quiere hacerse creer que su desencanto con el mundo, su amargura y su paranoia, no están en su vida sino que está allá, en la tele. Y claro, otros humanos, los periodistas y los extremistas “de cualquier color”, como dice Motuda en varias versiones, concientes de ese juego de proyección, de exteriorización, lo aprovechan para alimentar el estado y convertirlo en permanente. Así, nuestro “pobrecito mortal” siente dependencia de esta construcción de realidad, porque es lo que le permite vivir en una dicotomía irresoluta, de esa manera, y jamás enfrentarse a sí mismo. “En el fondo no puedes negar… que te gusta”.

 

“¡Dónde está el control de mi cabeza por favor!”

En cierto sentido, se me ocurre que la voz de “Lo que va a pasar” es el hijo o nieto del setentero “Pobrecito mortal”. Esa voz que vivió atribulada, confundida y agotada los terrores mediáticos que ocultaban horrores reales en plena dictadura dio paso a una voz que sigue confusa y cansada en la pseudo democracia 30 años después. Las crisis económicas van y vienen, los gobiernos cambian, las ciudades se modernizan, las modas se esfuman, la concerta y la alianza juegan a ser enemigos, los estudiantes juegan a tenerla clara. Pero ahí está, nuestro pobrecito mortal, indefenso ante este mar de visiones, posturas, definiciones. A lo mejor no todos la tienen tan clara… aunque juegan a tenerla. ¿La diferencia? Este mortal dosmilero no está paranoico por lo que va a pasar: simplemente está escéptico. Un poco aturdido.

“Lo que va a pasar” es una canción, en principio, de resaca física y espiritual. En un contexto que entendemos que el mambo santiaguino tiene una postura clara y sin conflictos con un estado creciente de agitación social y de fiesta, Santa Feria nos sugiere que toda fiesta, que toda claridad, tiene también su lunes. Y sus dudas. Y ahí la sinceridad en el mensaje toma un inesperado tono existencialista: el pobre mortal se aprovecha de la alienación mediática para pasar el mal rato de la caña moral: “sin prender la tele un lunes puede ser fatal”, porque “en el fondo no puedes negar… que te gusta”. Los “extremistas” de Motuda ya se ha convertido en “lo real”, ese estado común y silvestre que, finalmente, no se diferencia tanto de la manipulación mediática. ¿Dónde descansar, entonces? La solución en Motuda era un grito desesperado: “¡Periodistas de televisión, salven la vida de la humanidad…! ¡Extremistas de la sociedad, dejen tranquila a la humanidad!”. En Santa Feria, la solución no es redentora ni tiene grito de consigna callejera. Es una reflexión pa dentro. En cumbia, sí… una reflexión: “Y si quiero un cambio no puedo esperar… tengo que empezar por mi debilidad”. Nada de botar sistemas. Nada de botar sistemas si no estamos dispuestos a no solo exigir que cambien otros sin que uno no se cambia nada. Sin que uno nisiquiera haga el ejercicio de mirarse un rato a sí mismo. Simple, pero complicado asunto. Cuesta encontrar un mensaje así en el mambo santiaguino y en el momento actual en general. He ahí el perfil profundamente político que le veo a “Lo que va a pasar”. En este punto, la canción dialoga con otra cancionaza de Motuda: “La Ratonera“.

“Lo que va a pasar” es una deliciosa y extraña cumbia sobre cómo enfrentar lo que el mambo a veces no deja escuchar: el lugar en el que uno de verdad quiere estar, aunque resulte no ser el políticamente correcto. Mejor no ponerse a pensar en ciertas cosas.

La cumbia comienza con un punteo de guitarra misterioso y urbano. En 0:06 aparecen los metales con un ritmo pesado y una sonoridad de circo teatro reforzada en 0:11 con una melodía casi de funeral. O de caña. Se me instala la idea de que hay una representación en juego. ¿Acaso la eterna alegría de una banda que, ¡¡sorpresa!!, nos sale con este lujo de cumbia amarga? El ritmo de cumbia y el acordeón vienen a darle oscura fluidez a la canción para luego, al ingresar la voz, volver a cambiar de color con el uso nervioso, entrecortado, de la guitarra. Quizás en ninguna otra canción la voz del Pollo suene tan bien puesta y usada con ese timbre lacerante, tenso y lleno de intención. En la parte aguda de la línea melódica el registro proviene simplemente de una voz de privilegio para cantar e interpretar cumbia. Finalmente, en 1:38 el sintetizador villero ingresa para intensificar el sentido tenso y confuso del tema. Nada está de sobra en esta cumbia. En 3:55 este teclado vuelve a entrar aún más encrispado. Nada se ha resuelto en 3 minutos. La cumbia no es la salvación. El disco continuará con un tono amenzador estancado en el aire.

Antes de escucharlo, me parecía muy extraño “Lo que va a pasar” como título de un disco. De Santa Feria, para mayor extrañeza. Pero en realidad la frase engloba una dimensión política y existencial frente a la actualidad que pone al disco en una dimensión necesaria. El mono frente a la televisión en la carátula lo confirma. Y el resto del disco lo discute con su vacuna de cumbia y calor. Pero lo que nos dice “Lo que va a pasar”, según mi entender, es que en medio de ese mambo permanente que intenta instalarse en Santiago, el malestar también se vuelve permanente, que el mambo interactúa con ese malestar no solo canalizándolo en la calle, como si de un acto lúcido y coherente se tratara siempre, sino que también camuflándolo. Y eso porque ese malestar no es solo social ni mediático, como se nos sugiere en “Pobrecito mortal”. Es, ante todo, personal, individual. Como una caña. Para todos, siempre llega de nuevo el lunes. El día sin cumbia. Solo con la confusión.