CANCIONES EN DIÁLOGO: ANARKÍA TROPIKAL Y CECILIA


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Hay algo en que veo un parecido entre la nueva ola y el actual mambo santiaguino: la infinitud de músicos y agrupaciones que anduvieron y andan dando vueltas. La diferencia viene de inmediato: la nueva ola surge como un producto enteramente nacido en la industria musical de la época; el mambo santiaguino no, incluso podría decirse lo contrario. Pero representan, entre muchas otras cosas, momentos de mucha música en el aire, algo de saturación en la escena y poca posibilidad de identificar matices.

Los músicos con propuestas propias destacan, de inmediato, dentro de ese contexto de mucho árbol formando bosque. En la nueva ola, entiendo, Cecilia destacó siempre por méritos propios y absolutamente merecidos. En el mambo actual, Anarkía Tropikal [entradas y afiches] es de esos grupos que ponen la nota alta. Los que, dentro de cierta escena en común, van más lejos en la calidad y profundidad de sus búsquedas estéticas y éticas.

Escucho La Venganza de los Brujos, el recientísimo disco de Anarkía Tropikal, y la propuesta me vuela un bueeeeen rato la cabeza. En medio de la montaña rusa, una canción que la podemos escuchar como la segunda parte de “Echaítos en la playa”, esa suerte de hit villero de antaño: “Alucina!!”. Se acabó el melón con vino, pasamos al ácido y la piel se alborota cuáticamente. ¿Desde cuándo no había tanto erotismo en una canción chilena? Es ahí donde el tejo lo hago caer hasta Cecilia, la incomparable, la tomesina. La única y verdadera diva de nuestra música popular.

 

¡Bom bom bom bom!

Cecilia graba “Baño de mar a medianoche” en 1964 a partir de una melancólica canción en ritmo de twist del cancionero italiano: Bagno di mare a mezzanotte. El rimo sincopado y la orquestación juguetona ya están presentes en el original, pero la voz de Cecilia y el trabajo musical de Luis Barragán trastocan la canción y la convierten en algo completamente “emotivo y excitante”, como la define Cristóbal Peña, biografista de Cecilia. “Pocas veces una introducción había sido tan intensa y había creado tantas expectativas” (p. 69).

Incluso hoy, pero sobre todo en el contexto nuevaolero, “Baño de mar a medianoche” es una canción altamente erótica y, por lo tanto subversiva. De partida, es el relato de un amor furtivo

Un baño en el mar fue nuestro comenzar

las miradas se cruzaron y dos manos se encontraron

y con eso tan hermoso y un beso jubiloso

ya nacía nuestro amor…

¡Bom Bom Bom Bom!

Quizás a alguno les pueda sonar más romántica que erótica, pero para aquilatar el valor rupturista de Cecilia hay que ubicarla al lado de las Glorias Benavides que en la época cantaban “La Gotita”. Cecilia, de pelo corto y pantalón, con una presencia escénica única y magnética, con una voz gruesa, llena de matices y dramatismo, y con mirada desafiante y gestos desfeminizados, era la absoluta antítesis de esa otra casta de cantantes con voz naif y frágil, ojos tiernos y parada atolodranda, vírgenes por sobre toda las cosas y destinadas a ser dueñas de casa. Cecilia representaba, ella sola, el despertar sexual de toda una generación de mujeres chilenas urbanas. Ella, sola en una playa, entregada a la pasión, sin tapujos. Peña lo describe así: “las canciones de Cecilia tenían el poder de generar una revuelta de proporciones, de provocar los sentimientos y alterar las costumbres (…) aunque banal e ingenua, conllevaba una profunda transformación de los hábitos (…) modelo de emancipación (que) prometía el derecho a expresar los sentimientos más prohibidos, los más velados deseos. Ella invitaba a liberarlos sin complejo, a cultivarlos hasta las últimas consecuencias”.

“Baño de mar a medianoche” representa todo ese vendaval. En su vozarrón magnífico y siempre controlado para dar el sentido perfecto a cada sílaba, en ese ritmo que evoca solo en eco al colérico twist, con esas cuerdas jubilosas y juguetonas, esas pulsaciones de contrabajo que penetra y esa orquestación que va dando saltillos de cosquilla a lo largo de toda la canción. Una ola de nueva femenidad y erotismo explotaba en el mar chileno. La puerta de entrada al erotismo en la canción popular chilena.

 

“Cada vez que rompe la ola”

Olas. Luna. Arena. El escenario es el mismo. La playa ha inspirado harto al mambo santiaguino con su aura de carrete eterno y sin limitantes físicas ni morales. La Jalisco Zapata también carretea en la playa bailando en la arena, por ejemplo, y también lo hace con un ritmo intenso que de pronto se ralentiza y comienza a acelerarse como las pulsaciones en las venas, efecto villero muy ad-hoc para estas canciones.

En “Alucina!!” esas pulsaciones son enteramente eróticas. Sexuales. Y alucinógenas. A partir de esos ingredientes de base, los Anarkía arman una canción alucinada en sí misma. Es quizás la canción del disco más relacionada estéticamente con los trabajos anteriores de la banda, pero a la vez suena fresca y excitada. El sintetizador tomó una posición activa dentro de la sonoridad del nuevo disco (y de las presentaciones en vivo, donde suena animal!!) y la guitarra encontró su sonoridad amazónica de fina estirpe. Hasta 0:38 el ritmo y la letra están más bien puestos en una euforia inicial. A diferencia de la comenzada misteriosa, del flirteo inicial de Cecilia, acá el cuerpo está de inmediato puesto en pelotas sobre la arena.

En 0:39 el quiebre da paso al erotismo en música. Ritmo jadeante, intensidad creciente, letra y melodía cíclica, letra que bordea la cursilería y que gira inesperadamente a la frase fresca enunciada con la entonación y el sentido exacto: “y desnuditos en el agüita nos derretimos… ¡es un manjar!”. Sonoridad exquisita pal detalle del gong. La recuperación del ritmo inicial cierra la metáfora sexual con más sentido cumbiero que teatral.

Hacer música erótica exige una particular confianza en los recursos compositivos y musicales y una inspiración estética particularmente excitada y prendida. Supongo que por eso este tipo de canciones más bien escasean en el cancionero chileno popular. ¿Se les viene a la cabeza otra en esta línea? Quizás habría que ir a Frecuencia Mod. O al “Deja la vida volar” de Víctor Jara. El sentido tribal de las cumbias en otros parajes de América no se ha desarrollado tanto en las cumbias en Chile y ciertamente había que ir a conocer el trabajo de las cumbias amazónicas (¡uf, cuánto calor!) para captar todo el potencial sexual del ritmo y de las sonoridades.

Erotismo. Sexo. Noche y mar. Caliente diálogo entre estéticas muy disímiles, como son Cecilia y Anarkía Tropikal, pero que le dan aires frescos y excitados a una sonoridad nacional que más parece interesada en tapar esas pulsaciones que en transformarlas en música. Y claramente en la música vive una pulsación carnal que lo único que quiere es aflorar.