DÉCIMAS DE VIOLETA Y ROBERTO PARRA EN RITMO DE CUMBIA


manuscrito

Probablemente uno de los temas no resueltos de las cumbias en Chile sea el espacio a líricas políticas e ideológicas. Más bien, uno podría pensar que su constante silencio en torno a temas contingentes, más allá de muy específicas excepciones, representan en sí un posicionamiento político evidente: el de la evasión y la desvinculación. En las prácticas de consumo y difusión, algunas bandas y cantantes sí han querido o se han visto interpelados a jugársela por ciertas definiciones de la mano de campañas políticas, pero esas acciones no han permeado las letras, ya sea de las composiciones propias como de las cumbias que se selecciona versionar. No parece ser, de hecho, un fenómeno solo chileno: cuesta rastrear posicionamientos específicos en las cumbias colombianas, argentinas previlleras o mexicanas, aunque los hay. La cumbia villera es quizás el estilo que más ha profundizado en posicionarse políticamente y ahí hay muchos ejemplos que mirar. En la chicha peruana también existe en algunas canciones de Los Shapis (ver otras menciones en Cumbias y Oidores) y Pintura Roja (ver otras menciones), al menos como intento de representar una voz de ciertos grupos sociales marginados. En Chile, Juana Fe (ver afiches y otras menciones), no siempre desde la cumbia está claro, es la banda que más ha explorado y marcado un camino de poner su impronta ideológica en una música (también) hecha para bailar.

Una manera de entender el mambo santiaguino es, justamente, como una búsqueda por establecer un inédito puente entre el baile, la fiesta y el posicionamiento político (no solo partidista; de hecho casi nunca partidista, sino sobre todo en relación a cuestiones ecológicas, de derechos civiles y luchas de pueblos originarios). Me extenderé sobre eso en otra entrada, pero por el momento quiero reflexionar sobre el hecho de que ese diálogo cumbia – política, al no tener antecedentes ni una tradición lírica definida, se debe de haber encontrado con la dificultad gigante de crear una manera de expresar. Gran dilema de estética y coherencia: ¿cómo se habla desde una visión política en cumbia? ¿Con qué tradición dialogar? Algunas bandas han solucionado esa ausencia de historia incorporando maneras de decir desde el hip hop, el ska y del reggeae, cuyas líricas políticas y populares ya tienen un extenso camino de exploración y desarrollo. Otras bandas han querido crear desde cero, con todos los riesgos y tropiezos que eso significa. Hay dos ejemplos puntuales, por ultimo, que han resuelto el problema acumbiando versos de dos íconos de la poesía popular comprometida en el Chile de los últimos 50 años: Roberto (ver otras menciones) y Violeta Parra (ver otras menciones en Cumbias y Oidores). No sorprende que sean versos de ellos, dado el absoluto prestigio y reconocimiento con que ambos artistas cuentan entre la actual generación. Lo entusiasmante es el resultado musical que de eso surge, quizás porque actualiza en la memoria de la cumbia una matriz poética que, hasta donde entiendo, en Chile jamás se había utilizado, pero a la cual de seguro sí se ha recurrido en alguna tradición de raíz colombiana y panameña: la versificación en décima.

 

“Cumbia revolución”

Desde que sigo a La Jalisco Zapata, por allá por el 2011, (ver nota, menciones y afiches) me llamó la atención su “Cumbia revolución”. Un poco por su cita a Los Mirlos (ver otras menciones en Cumbias y Oidores) y harto por su estribillo directo (“La cumbia no para / la trae la Jalisco / la cumbia dispara / pide revolución”) y por abordar el tema del golpe de Estado del 73. En un principio, eso sí, no me calzaban los versos del estribillo con la visión nostálgica de un Chile pasado y bondadoso expresada en la primera estrofa. Más de una vez quise plantearles que, bajo mi punto de vista,  la historia de Chile siempre había sido un historial de traiciones y violencia, antes o después de tan fatídica fecha. Poniendo atención en su letra, de pronto me di cuenta de que los versos estaban organizados en forma de décima y me maravillé de que esa buena y singular cumbia echara mano a tan simbólica forma poética. Lo que históricamente no me calzaba sí lo hacía en el tratamiento de la forma en relación al concepto. ¡Una cumbia en décima para hablar de una nostalgia del pasado!

Los mismos integrantes de la banda me sacaron de mi error e ignorancia: los versos no eran composición propia sino de Roberto Parra. ¿La fuente? El Golpe, manuscritos parreanos en décima que mantiene la Biblioteca Nacional y que LOM publicó en su colección Libros del Ciudadano hace ya algunos años. Francisco Cazajus seleccionó estrofas que le resultaron significativas y las puso en cumbia. Es una perfecta cumbia del mambo santiaguino que invisibiliza de muy buena manera el cambio de registro, con una melodía netamente cumbiera que calza a la perfección con la estructura de la estrofa.

No quiero contar señores
lo que fue en el pasado
sin muertos, sin degollados,
la vida era más tranquila.
Los soldados en su fila
para defender la patria
ahora ellos son los que matan
con rencor y alevosía.
Con miseria y falsía
a sus palomas maltratan.

A las diez de la mañana
arde por las cuatro puntas.
Ardió Troya con la Junta
al repique de campana
Esa maldita mañana
La tenemos muy presente
Llegan a picar los dientes,
los pelos están como serpa.
Chile ya se fue a la mierda,
se lo llevó la corriente

Permiso pa noche buena,
permiso pa los casorios,
permiso pa los velorios,
¡es pa morirse de pena!
Hay que romper las cadenas
y quebrar la coyuntura,
a quemar esta basura
que nos maldice de frente.
Morirán los insolentes,
al fango las criaturas.

 

La tercera estrofa es, desde mi perspectiva, en la que de mejor manera calza letra y melodía. La estructura en eco de los tres primeros versos genera una sensación de reiteración y de hastío que muy bien desemboca en la frase ascendente y rabiosa “¡es pa morirse de pena!”. Esta estrofa es, también entonces, el corazón ideológico del asunto, y la que da cohesión a la relación entre estrofa y estribillo, es decir, al diálogo entre Roberto Parra y la Jalisco. Queda así, si se quiere, una cumbia argumentada, cuya conclusión evidente de toda la rabia y la visión profética de los últimos versos resulta ser la parte coreada de la canción: la “revolución”.

 

“Más van pasando los años”

En una entrevista que Sergio Cancino realiza a Evelyn Cornejo (ver menciones y afiches) y al trombonista Andrés Pérez en Radio Uno (y en la que se puede observar cierta visión sobre el mambo santiaguino desde la oficialidad mediática: “peluseo”), el periodista llama la atención en que nunca hasta este 2013 se hubiesen musicalizado las famosas décimas de Violeta Parra que comienzan con el verso “Mas van pasando los años”. Más sorprende, entonces, que esa primera vez se haya concretado en clave de cumbia…! Evelyn Cornejo sitúa, consecuentemente, su musicalización (y su obra en general) en el plano del mestizaje, del encuentro de estilos y tradiciones. Nada raro ni incoherente, si se piensa en la misma Violeta Parra, que metódicamente fue ampliando el abanico geográfico de ritmos en los que fue plasmando sus tremendas letras.

Que fuera en clave de cumbia… y de cumbia colombiana más en la línea de los tambores y el canto en rueda, puede resultar extraño como sonoridad, pero no en intención. El cultivo de ese estilo de cumbia en la escena actual santiaguina puede asociarse a la búsqueda de una suerte de raíz, quizás de purismo, que plantea sus propias contradicciones y encrucijadas a la práctica de la cumbia. La poca habitualidad del estilo, eso sí, lleva a que la melodía y la estructura versal gane en relieve ante nuestros oídos, para bien y para mal. En este caso, por ejemplo, queda más en evidencia la costura entre un mundo y el otro, las décimas afloran más crudamente en su estructura y se plasman más rústicamente en la melodía, sobre todo la tercera de ellas, que oficia de estribillo.

Mas van pasando los años,
las cosas son muy distintas:
lo que fue vino, hoy es tinta,
lo que fue piel, hoy es paño,
lo que fue cierto, hoy engaño.
Todo es penuria y quebranto,
de las leyes de hoy me espanto,
lo paso muy confundida,
y es grande torpeza mia
buscar alivio en mi canto.

Han visto la mantequilla,
dicen de que’s vegetal,
y que de leche animal
fabrican la mostacilla.
Las líneas de las chiquillas,
desmáyese el más sereno,
que lo que miran por seno
no es nada más que nylón.
Pregunto con emoción:
¿quién trajo tanto veneno?

En este mundo moderno,
no sabe el pobre de queso,
caldo de papa sin hueso,
menos sabe lo que es terno;
por casa, callampa, infierno
de lata y ladrillos viejos.
¿Cómo le aguanta el pellejo?,
eso sí que no lo sé,
pero bien sé que el burgués
se pit’ al pobre verdejo.

Yo no protesto por migo
porque soy muy poca cosa;
reclamo porque a la fosa
van las penas del mendigo.
A Dios pongo por testigo,
que no me deje mentir:
no me hace falta salir
un metro fuera ’e la casa
pa’ ver lo que aquí nos pasa
y el dolor que es el vivir.

Dispénsenme las chiquillas
si m’hei salido del tema,
es qu’esta verdad me quema
el alma y la pajarilla.
Quemá’ está la sopaipilla,
pa’l pobre ya no hay razones;
hay costra en los corazones
y horchata en las venas ricas.
Y claro, esto a mí me pica
igual que los sabañones.

 

 

La selección de estos versos bien puede deberse a su profunda y triste vigencia. Cincuenta años después de su creación, aún hablan de un Chile que existe con igual crudeza al de entonces. Pero, al igual que en  el caso de la Jalisco Zapata, la búsqueda en el pasado de versos que dialoguen con el Chile de hoy puede entenderse también como una dificultad para hablar hoy, en clave de cumbia, de una visión crítica y social de nuestra historia y nuestro presente. ¿Por qué decidieron hablar de estos temas justamente en ritmo de cumbia? Habría que darle otra vuelta a ese tema. Ahora bien, las dos perspectivas, la de la vigencia del mensaje y la de la imposibilidad de decir, seguramente se complementan y generan estas dos canciones hermanadas. Dan cuenta, además, de nuevos caminos que cierta cumbia actual intenta crear y explorar, desde los bordes, tanto en lírica como en puesta en escena, y con un diálogo conflictuado, por lo mismo, con la difusión y masificación a la que quizás aspiran.

Nunca es fácil hablar ideológicamente. Menos en cumbia. El peligro de caer en panfletismo es alto. La solución de La Jalisco Zapata y de Evelyn Cornejo de recurrir a versos de Violeta y Roberto Parra no resulta ser ningún abuso ni despropósito, pues gozan de valoración y vigencia y está hecho con respeto a su arte. El resultado musical tampoco resulta ni extraño ni forzado, dada la tradición de mestizaje en la que se insertan. El ejercicio, entonces, abre ciertos caminos y ciertas posibilidades de expresión. ¡Cuántas ventanas se abren llevando las décimas a las cumbias en el Chile de hoy! Y no me refiero solo a las parreanas… ¿se podrá crear una cumbia política en clave versal de décima? Habrá que esperar para ver los ecos de todo esto, si se pierden en la particularidad o perduran en múltiples resonancias.